sábado, 4 de febrero de 2012

¡¡¡Y comienza el espectáculo!!!


Hermes Castañeda Caudana
Música de suspense anuncia su inminente aparición en el escenario. Generosos y atronadores aplausos no se hacen esperar. De repente: todo en penumbras. Hasta que un haz ¡la ilumina! Solamente el efecto del hielo seco disimula su hermosa desnudez. La música se torna, para entonces, ya más cadenciosa. Y, ante la multitud frenética… ¡¡¡la escritora se comienza a vestir!!!
     Así es. Los escritores hacemos striptease todo el tiempo. En el origen del proceso creador, acopiamos materia prima para escribir y ¿adónde se halla el manantial del que abrevamos si no es en nuestra propia vida? Nos desnudamos. Sin embargo, cuando convertimos este material acopiado en obra literaria –léase aquí narrativa porque la poesía es punto y aparte–, seleccionamos lo que habremos de contar, le colocamos fronteras, cambiamos un detalle aquí, aderezamos la historia con algo de imaginación e inventamos un personaje y otros detalles más allá. Vamos dando forma a una pieza literaria de la que ya no importa sino su efecto persuasivo: la desnudez inicial ha quedado cubierta ¡y ahora comienza el verdadero espectáculo!
     En más de una ocasión, al surgir como tema de alguna tertulia una obra literaria recién publicada por algún amigo, tiene lugar el debate: ¿en qué medida lo que se narra desvela a la persona detrás del escritor? ¿Cuánto de su propia vida se deja entrever en lo que escribe? El diálogo a que esto da lugar, desde luego, es jocoso y rico en anécdotas y críticas sobre la vida del autor. Pero lo que se está haciendo, en todo caso, nada tiene que ver con la obra literaria. Si ésta es el tema y no la vida privada de quien la escribe, entonces lo primordial sería considerar, ¿entré en  complicidad con el autor al creerme la historia contada? ¿Me ocasionó placer, disgusto u otra reacción que alejó la indiferencia de mi experiencia como lector? Porque aunque sea verdad que todo lo que parimos literariamente tiene que ver con quien lo escribe, la literatura no tiene como objetivo contarnos chismes sobre la vida de los otros. Igualmente que al disfrutar una bella pintura o al vibrar nuestros sentidos con una pieza musical, si la experiencia literaria nos provoca un goce estético, estamos ante una obra de arte. No es la desnudez, empero, del artista lo que nos induce a tal efecto, aunque el autor subyazca desnudo en lo que ha creado. Es el striptease invertido del narrador, lo que hace que una historia nos permita pensar y emocionarnos, hasta el punto de sentir que nuestra vida es mejor después de haberla leído.
     Mil GRACIAS a mi querida amiga Yeny Marchán, por devolverme la felicidad de que mis palabras y las de otros Locos Escritores huelan de nueva cuenta a tinta y a papel. A partir de hoy, cada sábado, en este espacio les compartiré historias que resultan del proceso creador de noveles artistas que experimentan junto conmigo el arte del striptease. Los invito a leernos y, también, a participar con nosotros a través de sus escritos que nazcan de los temas, recursos y técnicas que les iremos presentando.
     Por igual, mi agradecimiento y cariño de siempre a Rosario Román Alonso: ¡tu arte visual llena de lujo mi nuevo espacio!
     Escríbanme, recibiré con agrado sus aportes y sugerencias: el.arte.del.striptease@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario