domingo, 17 de junio de 2012

Con los ojos del cielo



Hermes Castañeda Caudana

Queridos amigos y amigas, les obsequio este bello escrito desde Rosarito, Baja California, adonde me encuentro mientras escribo estas líneas, en la presentación de mi propuesta teórica y didáctica para la creación literaria en el 5° Congreso Nacional de Educación. Desde aquí, los y las invito a que asistan a la Tertulia Literaria a realizarse este 18 de junio en la antigua estación del Ferrocarril de Iguala de la Independencia, Gro., a partir de las 17:00 horas. En este evento, enmarcado en los trabajos de la Casa de la Cultura Iguala de la UAG, contaremos con la participación del Taller de Música Claro de Luna; y asimismo, por supuesto, de los Locos Escritores y Escritoras. Hay un lugar para ti. ¡¡¡NO FALTES!!! Este bocadillo, es una probadita más del banquete literario y musical que degustaremos el próximo lunes. ¡Escríbanme! el.arte.del.striptease@gmail.com

Con los ojos del cielo, original de Joyce S. Hernández

Jueves 3. Es el primer día de un nuevo curso en la academia de música. He decidido llevar un registro de lo que sucede acá. Ya han pasado, mmm… ¿un año, dos? No sé; quizá más, quizá menos, pero siempre son las mismas caras emocionadas, los mismos rostros sonrientes que, poco a poco, se entusiasman más o pierden totalmente el interés en aprender. En fin, ¡a empezar se ha dicho!

Sábado 5. Hoy, luego de dos días desde el inicio del curso, llegó una joven. Es distinta a las demás, pues casi todos tienen aproximadamente 16 o 17 años. Ella parece tener unos 12 o 13. Llegó tarde, nerviosa, y con el uniforme de la secundaria todo sucio y arrugado; más parecía venir de un partido de fútbol que de las clases. Minerva me ha asignado para que yo sea su compañera mientras aprende. La verdad no me entusiasma la idea, se ve que es una chica descuidada y no quiero que vaya a rasgarme o, en el peor de los casos, a destruirme. Hace un año, ¡aah…! todavía recuerdo al demonio de Jacinto. ¡Casi me parte en dos por usarme como juguete! Espero que esta chica sí pueda tratarme como lo que soy, un objeto valiosísimo, y no como una raqueta de tenis.

Martes 8. Aprende rápido. Hablo de Ángela, así se llama la joven. Es muy hábil al tocar las cuerdas; la armonía que surge de entre sus dedos, con sólo unas notas aprendidas, es maravillosa. Al principio dudé que no hubiera tomado clases antes, pero noté que las primeras ejecuciones del círculo de sol le costaron mucho esfuerzo; la soltura vino después de ocho ensayos. Tiene un cabello rizado muy lindo, negro, negro, como la noche sin estrellas, porque ésas las tiene en los ojos, de un azul tan claro como el cielo en primavera. Tiene un ángel especial, un aura que despide paz, tranquilidad, pasión por aprender. Estoy ansiosa por ver su progreso.

Jueves 10. Jejeje, hoy ha sido un día divertido. Aunque sabe pocas notas, Ángela está empeñada en aprender a tocar la canción de “La Pantera Rosa” en requinto. ¡Jajaja!, los primeros intentos fueron un caos tremendo. Cuando no se le resbalaban los dedos de las cuerdas, pisaba dos al mismo tiempo. Se estaba desesperando cuando Minerva, tan paciente como siempre, le ayudó; le pidió que se serenara, porque de otro modo, le sería aún más difícil de lo que le estaba resultando lograr la ejecución. ¡Estuvimos tres horas practicando juntas! Permaneció en dos clases, pues el horario normal es de dos horas, así que también estuvo practicando con el grupo de seis a ocho. Por fin, a las 7:40 pudo tocarla con fluidez: turum turum, turum, turum turum turum turururuuuum, tururururum. Esta chica es persistente, le será fácil dominar los diez círculos en poco tiempo.

Sábado 19. Sospecho que Ángela tiene problemas. Las primeras clases se veía emocionada, pero su ánimo está decayendo, y no creo que sea por desinterés. Cada vez que toca, sus ojos enmarcados en azul celeste se ven ensombrecidos por una pequeña nube de tristeza, como si de sus largas pestañas rizadas quisiera llover… No sé, parece triste, decepcionada, sola. Quisiera ayudarla, pero, ¿cómo? Únicamente puedo tratar de consolar su pena con las notas de mis cuerdas y las ondas de mi voz maderosa. No sé qué tiene, ni cómo ayudarla, sólo dejo que siga ejecutando las notas que le ayudan a olvidarse de su triste mundo por unas horas, durante la clase.

Miércoles 30. Hoy estuvo diferente. Ángela cambió drásticamente la melodía que estaba aprendiendo a interpretar. Quería tocar una pieza de música suave, con tintes clásicos, no sé, como una mezcla de Beethoven, Mozart y Liszt. Ahora está usando unos acordes bruscos, duros, sin alma; me duelen las cuerdas de tocar lo que ella ejecuta. Incluso se le ve distinta. Hoy dejó de usar el listón color naranja anudado sobre su cabeza, en forma de moño, y lo reemplazó con una cinta negra. De hecho, en una de las notas de su disque canción casi me arranca la quinta cuerda; me rasgó con tanta ira que me asustó. Espero que sea algo pasajero…

Viernes 8. El día de ayer faltó, y hoy llegó tarde. Casi se me rompe el diapasón de verla. Tenía los ojos llenos de pintura negra; en el párpado inferior, en lugar de delineador, parecía que traía ojeras de muerto. Su cabello estaba rebozado de esa goma que usan para peinar, todo tieso: parecía maraña. Nada quedaba de esos rizos azabache que bailaban con la armonía de mis acordes. Desearía que fuera sólo una crisis adolescente, pero no parece, creo que es por la influencia de otros que ha cambiado tanto, porque ella no era así, ¡juro que no era así!

Lunes 11. Hoy, definitivamente, no tengo ganas de tocar nada. Ángela llegó tarde – como es su costumbre, últimamente– y me cogió con tanta brusquedad que casi me tira al suelo. Estaba molesta. Tomó el talín y, al tratar de acomodarlo en mi boca, lastimó la madera de mi cara frontal. Luego comenzó a rasgarme rápidamente, de modo que mi primera cuerda se aflojó. El peor momento fue cuando empezó a enfadarse sin motivo; me tomó, me dejó en el rincón y fue hasta donde estaba la maestra. Aproveché para observarla un poco. Miré sus ojos, y no estaban enmarcados con el azul del cielo. Era más la penumbra de su soledad la que brotaba entre el hollín de sus párpados. Cuando salió azotando la puerta, supe, en el fondo de mi corazón de madera y metal, que no la volvería a ver.


La Escritora Joyce S. Hernández; llega pisando fuerte a la escena literaria. Hay que estar muy atentos... Ella dará mucho de qué hablar.

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