Hermes Castañeda Caudana
Queridos
amigos y amigas, les obsequio este bello escrito desde Rosarito, Baja
California, adonde me encuentro mientras escribo estas líneas, en la
presentación de mi propuesta teórica y didáctica para la creación literaria en
el 5° Congreso Nacional de Educación. Desde aquí, los y las invito a que asistan
a la Tertulia Literaria a realizarse este 18 de junio en la antigua estación
del Ferrocarril de Iguala de la Independencia, Gro., a partir de las 17:00
horas. En este evento, enmarcado en los trabajos de la Casa de la Cultura
Iguala de la UAG, contaremos con la participación del Taller de Música Claro de
Luna; y asimismo, por supuesto, de los Locos Escritores y Escritoras. Hay un
lugar para ti. ¡¡¡NO FALTES!!! Este bocadillo, es una probadita más del
banquete literario y musical que degustaremos el próximo lunes. ¡Escríbanme! el.arte.del.striptease@gmail.com
Con los ojos del cielo,
original de Joyce S. Hernández
Jueves 3. Es
el primer día de un nuevo curso en la academia de música. He decidido llevar un
registro de lo que sucede acá. Ya han pasado, mmm… ¿un año, dos? No sé; quizá
más, quizá menos, pero siempre son las mismas caras emocionadas, los mismos
rostros sonrientes que, poco a poco, se entusiasman más o pierden totalmente el
interés en aprender. En fin, ¡a empezar se ha dicho!
Sábado
5. Hoy, luego de dos
días desde el inicio del curso, llegó una joven. Es distinta a las demás, pues
casi todos tienen aproximadamente 16 o 17 años. Ella parece tener unos 12 o 13.
Llegó tarde, nerviosa, y con el uniforme de la secundaria todo sucio y
arrugado; más parecía venir de un partido de fútbol que de las clases. Minerva
me ha asignado para que yo sea su compañera mientras aprende. La verdad no me
entusiasma la idea, se ve que es una chica descuidada y no quiero que vaya a
rasgarme o, en el peor de los casos, a destruirme. Hace un año, ¡aah…! todavía
recuerdo al demonio de Jacinto. ¡Casi me parte en dos por usarme como juguete!
Espero que esta chica sí pueda tratarme como lo que soy, un objeto valiosísimo,
y no como una raqueta de tenis.
Martes 8. Aprende
rápido. Hablo de Ángela, así se llama la joven. Es muy hábil al tocar las
cuerdas; la armonía que surge de entre sus dedos, con sólo unas notas aprendidas,
es maravillosa. Al principio dudé que no hubiera tomado clases antes, pero noté
que las primeras ejecuciones del círculo de sol le costaron mucho esfuerzo; la
soltura vino después de ocho ensayos. Tiene un cabello rizado muy lindo, negro,
negro, como la noche sin estrellas, porque ésas las tiene en los ojos, de un
azul tan claro como el cielo en primavera. Tiene un ángel especial, un aura que
despide paz, tranquilidad, pasión por aprender. Estoy ansiosa por ver su
progreso.
Jueves 10. Jejeje,
hoy ha sido un día divertido. Aunque sabe pocas notas, Ángela está empeñada en
aprender a tocar la canción de “La Pantera Rosa” en requinto. ¡Jajaja!, los
primeros intentos fueron un caos tremendo. Cuando no se le resbalaban los dedos
de las cuerdas, pisaba dos al mismo tiempo. Se estaba desesperando cuando
Minerva, tan paciente como siempre, le ayudó; le pidió que se serenara, porque
de otro modo, le sería aún más difícil de lo que le estaba resultando lograr la
ejecución. ¡Estuvimos tres horas practicando juntas! Permaneció en dos clases,
pues el horario normal es de dos horas, así que también estuvo practicando con
el grupo de seis a ocho. Por fin, a las 7:40 pudo tocarla con fluidez: turum
turum, turum, turum turum turum turururuuuum, tururururum. Esta chica es
persistente, le será fácil dominar los diez círculos en poco tiempo.
Sábado 19. Sospecho
que Ángela tiene problemas. Las primeras clases se veía emocionada, pero su
ánimo está decayendo, y no creo que sea por desinterés. Cada vez que toca, sus
ojos enmarcados en azul celeste se ven ensombrecidos por una pequeña nube de
tristeza, como si de sus largas pestañas rizadas quisiera llover… No sé, parece
triste, decepcionada, sola. Quisiera ayudarla, pero, ¿cómo? Únicamente puedo tratar
de consolar su pena con las notas de mis cuerdas y las ondas de mi voz maderosa.
No sé qué tiene, ni cómo ayudarla, sólo dejo que siga ejecutando las notas que
le ayudan a olvidarse de su triste mundo por unas horas, durante la clase.
Miércoles 30. Hoy
estuvo diferente. Ángela cambió drásticamente la melodía que estaba aprendiendo
a interpretar. Quería tocar una pieza de música suave, con tintes clásicos, no
sé, como una mezcla de Beethoven, Mozart y Liszt. Ahora está usando unos acordes
bruscos, duros, sin alma; me duelen las cuerdas de tocar lo que ella ejecuta.
Incluso se le ve distinta. Hoy dejó de usar el listón color naranja anudado sobre
su cabeza, en forma de moño, y lo reemplazó con una cinta negra. De hecho, en
una de las notas de su disque canción casi me arranca la quinta cuerda; me
rasgó con tanta ira que me asustó. Espero que sea algo pasajero…
Viernes 8. El
día de ayer faltó, y hoy llegó tarde. Casi se me rompe el diapasón de verla.
Tenía los ojos llenos de pintura negra; en el párpado inferior, en lugar de
delineador, parecía que traía ojeras de muerto. Su cabello estaba rebozado de
esa goma que usan para peinar, todo tieso: parecía maraña. Nada quedaba de esos
rizos azabache que bailaban con la armonía de mis acordes. Desearía que fuera
sólo una crisis adolescente, pero no parece, creo que es por la influencia de
otros que ha cambiado tanto, porque ella no era así, ¡juro que no era así!
Lunes 11. Hoy,
definitivamente, no tengo ganas de tocar nada. Ángela llegó tarde – como es su
costumbre, últimamente– y me cogió con tanta brusquedad que casi me tira al suelo.
Estaba molesta. Tomó el talín y, al tratar de acomodarlo en mi boca, lastimó la
madera de mi cara frontal. Luego comenzó a rasgarme rápidamente, de modo que mi
primera cuerda se aflojó. El peor momento fue cuando empezó a enfadarse sin
motivo; me tomó, me dejó en el rincón y fue hasta donde estaba la maestra.
Aproveché para observarla un poco. Miré sus ojos, y no estaban enmarcados con
el azul del cielo. Era más la penumbra de su soledad la que brotaba entre el
hollín de sus párpados. Cuando salió azotando la puerta, supe, en el fondo de
mi corazón de madera y metal, que no la volvería a ver.
La Escritora Joyce S. Hernández; llega pisando fuerte a la escena literaria. Hay que estar muy atentos... Ella dará mucho de qué hablar.


No hay comentarios:
Publicar un comentario