Hermes Castañeda Caudana
–“¡No lo pienses más
y agárralo!” –aconsejaron sus padres a la joven y, a los dieciocho, estaba
casada. Eugen, sin duda, era un buen partido: un hombre económicamente próspero
que casi le doblaba la edad. En su vida marital, él se mostró generoso como el
que más y la llegada de un hijo, como cereza del pastel, coronó una historia de
aparente dicha y bienestar. ¿Qué más podía pedir una mujer? ¿Tal vez algo de
genuina felicidad? Eso fue lo que pareció ofrecerle su reencuentro con Ulli, un
viejo conocido de la infancia que ahora volvía para ejercer como ingeniero
textil en una fábrica de los alrededores. Casi de inmediato surgió el romance.
Al principio, gozaron como locos en la más deliciosa y emocionante
clandestinidad. Hasta que las breves probaditas de su prohibido amor ya no
fueron suficientes y, entonces, en el corazón de la mujer atribulada floreció
el germen de la maldad. Al principio pensó en divorciarse, pero así no
obtendría los mismos beneficios monetarios que asesinando al marido. Así que
Eugen tenía que morir. Pero, ¿cómo? Igual que sucede cuando se desea descartar
a cualquier rival y uno echa mano de alguien poco perspicaz para que haga las
veces de brazo ejecutor, la “amante esposa y secreta amante” –denominaciones
usadas para sí misma, por la personaje, que me fascinaron– decide utilizar a Ulli
como verdugo. Pero el destino, en ocasiones, juega bromas pesadas. Y esta vez, así
sucedió. Eugen y Ulli terminan siendo amigos de pesca, en lugar de que éste
último ultimara al marido engañado en los inhóspitos y solitarios parajes en
que la autora intelectual del crimen fallido propició el encuentro. Primer
intento: un completo fracaso. ¿La segunda sería la buena? Pero ahora la
cantidad de bellacos a eliminar se había duplicado: si tan buenas migas habían
hecho el marido cornudo y el pusilánime amante, bueno sería que murieran ambos
a la vez. Asfixiados con espinas –grandes y pequeñas– extraídas al producto de
su propia pesca, colocadas para tal fin en deliciosos buñuelos puestos en la
canasta de viandas que tan singular mancuerna de pescadores llevaría consigo a
su siguiente aventura. Segundo intento: un fiasco. ¡Fue el glotón guarda del
lago adonde ambos fueron, el que cayó! Ya nada había que hacer, sino
resignarse. ¿Resignarse? ¡Jamás! La oportunidad decisiva vino de forma
inesperada. Un día, una mujer que se hizo llamar Adelaida llamó a la casa de la
frustrada asesina. ¡Era la mujer del difunto! Sumar dos más dos no le había
sido complicado. La presencia de restos de los buñuelos letales dentro de
aquella coqueta canasta que no podía ser sino de la mujer del pescador que
sobornaba a su marido, a cambio de permitirle pescar en zona prohibida, la
llevó a resolver el crimen. Sin embargo, lejos de reprochar nada, la astuta
dama se mostró de lo más agradecida por el involuntario favor recibido. Si bien
este hecho no le fue del todo provechoso a la viuda porque el guarda nunca
aceptó contratar un seguro de vida, sagazmente pensó que al devolver “el favor”
a su bienhechora, la cosa sería distinta. Y estaba en lo cierto. Aclarado esto,
apareció un mundo de riqueza en el horizonte de ambas. Una vez que se
deshicieran de Eugen, ya habría tiempo para elegir. Después de todo, ¿qué guapo
y rico caballero podría resistirse a los encantos de una u otra mujer?
–¿Qué preferirían
hacer ahora? –pregunté tras leer y comentar Fisherman´s
friend de Ingrid Noll junto a las Locas y Locos Escritores, y añadí:
¿desean escribir una nueva historia o transformar la que hicieron la semana
pasada, en que fue ultimado un personaje en la imaginación de otro, bajo este
nuevo modelo? Y, de un modo u otro, ¿cómo lo harían?
Ya prevenido contra
la perversidad sorpresiva y –hasta hace poco desconocida– de mis cómplices de
letras, los escuché urdiendo nuevos planes –tan maquiavélicos como efectivos–
para borrar a ciertos sujetos detestables, de este mundo.
Las fases que
habíamos reconocido en el texto de Noll, toda una reina del género negro
contemporáneo, fueron:
a) Un personaje estorba a otro para sus planes; el segundo
decide eliminar al primero, especialmente, si ello redituará en un claro
beneficio, por ejemplo, económico, social o laboral.
b) El personaje que ha reconocido en sí mismo el deseo de
ultimar a otro, urde un plan y, para ejecutarlo, se sirve de un tercer
personaje que de alguna manera también se vea beneficiado con la eliminación
del que estorba (o, al menos, eso se le hace creer).
c) Si quien ayudaría al autor intelectual del asesinato no
sólo falla en llevarlo a cabo, sino que además se alía con quien habría sido su
víctima, entonces ambos merecen morir.
d) Si el azar favorece al par de mequetrefes y, en su lugar,
el blanco del ataque resulta ser algún otro incauto ¡oh, desesperación! ¿Es que
no tiene uno derecho a que algo le salga bien en esta vida?
e) Pero el personaje con agudo instinto asesino no debe
angustiarse, porque la ayuda puede llegar… de donde menos se lo espera.
Bajo este segundo
modelo que les comparto, la cosa no es tan fácil como en el primero, del que
mostré el proceso creador, la semana pasada. No obstante, lo complejo puede
resultar mucho más entretenido y, la venganza degustada así, quizá supere en
dulzura a la misma miel.
¿Les gustaría conocer
los textos que hemos realizado en el Taller de Creación Literaria El arte del striptease siguiendo a las
grandes del género negro? Este verano, celebraremos una tertulia literaria bajo
el tema de “Las mil y una formas de matar al personaje literario”. Sin embargo,
les adelantaremos parte de nuestro trabajo con las palabras, este 18 de junio a partir de las 17:00 horas en la antigua Estación del Ferrocarril de la ciudad de Iguala de la
Independencia. En este evento, leeremos textos sobre varios temas sugerentes,
que los atraparán. Además de ello, desnudaré a la musa de los autores y
mostraré a ustedes el proceso creador de los textos que presentaremos.
Si desean unirse a
nuestro grupo; no lo duden. Tal vez cualquiera de estos lunes de cuatro a seis
en la Casa de la Cultura de la
Universidad Autónoma de Guerrero, se descubran escritores y, también, se
sorprendan gozando junto a nosotros, al derramar sangre… tan sólo con tinta y
papel.
Sus comentarios y
textos son bienvenidos en: el.arte.del.striptease@gmail.com
Ingrid Noll, "culpable" de ideas asesinas frescas en los Locos Escritores y Escritoras.


No hay comentarios:
Publicar un comentario