Hermes
Castañeda Caudana
Este día, les obsequio el segundo escrito
inspirado en “Mi vida pasar”, publicado en el mes de abril. La próxima semana, les compartiré el
proceso creador que dio vida a estos textos, a fin de que ustedes también se
animen a escribir y a publicar sus obras en este espacio. ¿Qué dicen? ¿Aceptan
la invitación? Escríbanos: el.arte.del.striptease@gmail.com
El
amor y la felicidad van de la mano, original de Keila Berenice Jaimes Almazán
Aún recuerdo aquella tarde soleada en la
playa cuando te conocí. Inmediatamente, nuestras miradas se cruzaron y, después
de un rato, te acercaste a mí. Desde entonces surgió un inmenso amor, que más tarde
nos juramos ante Dios.
Han pasado cuarenta años desde aquel momento,
y ese gran amor continúa vivo como las llamas del sol. En nuestros rostros sobresalen
ya las arrugas y nuestros cuerpos están algo cansados, consecuencia de tanto
esfuerzo por lograr nuestras metas, como el ejercer nuestra profesión con gran
éxito y comprar esa casa tan grande y bonita que deseábamos. ¿Recuerdas, amor,
cuando realizamos la primera fiesta en nuestro hogar? Sí, ¡estuvo increíble!
¡Hemos compartido tantos sucesos especiales a través de nuestra historia! Me
parece contemplar todavía el brillo de tus ojos al anunciarte la llegada de
nuestro primer bebé, y la alegría de nuestros padres al conocer esta feliz
noticia. Fue tan grande su regocijo, que mi mamá se mudó a nuestra casa para
cuidar de mí, durante los nueve meses del embarazo. Ella y tú,
siempre estuvieron muy atentos a mis malestares y antojos. La llegada del
pequeño Damián, fue un maravilloso regalo que trajo a nuestras vidas aún más
dicha. Sus primeras travesuras causaron gran alegría a los abuelos quienes, al
irnos a trabajar, todo el tiempo discutían sobre quién se quedaría a cargo del
nieto. Tu mamá se lo quería llevar siempre a su casa y, la mía, a la suya. ¡Y
no se diga lo que sucedió con nuestros siguientes dos hijos!, Mayra y Said,
quienes también han sido su adoración.
El ingreso de nuestros hijos a la universidad,
fue uno más de nuestros anhelos logrados, ya que deseábamos que fueran personas
preparadas. El día de la graduación de Mayra, le regalaste el auto que tanto deseaba,
por cumplir nuestro sueño, que también fue el de ella, de que concluyera sus
estudios en la facultad de medicina. Ahora, Mayra está pendiente de la salud
de estos viejos que, con sus sermones, buscaron siempre su bien.
Nuestra casa, fiel testigo de nuestra
felicidad, hoy se encuentra solamente habitada por nosotros. Nuestros hijos han
hecho su vida, ya somos abuelos.
Pero, ¿por qué esa cara de tristeza, amor?
No, no estamos solos. Nuestros adorables nietos nos visitan cada fin de semana.
Además, deberíamos estar aún más felices por contar todavía con nuestros padres.
La vida nos ha sonreído mucho, dándonos salud y bienestar.
Eres el amor de mi vida y has llenado mi
mundo de colores. Nos hemos apoyado incluso en los momentos más difíciles; por
eso, antes que la muerte nos separe, deseo darte las gracias por estar siempre
a mi lado, con mis defectos y virtudes. No quiero ver tu cara triste por pensar
en el momento de nuestra partida. ¡Disfrutemos los próximos años viajando por el
mundo! Al final de nuestra existencia no nos llevaremos nada. Por eso, sigamos
viviendo como siempre lo hicimos, ¡con pasión! Nos iremos a la tumba con un “te
amo” y una sonrisa y, si muero antes que tú, recuérdame con una expresión de
alegría por lo mucho que te amé, y no con un rostro
pálido e inmóvil.


Que lindos momentos... Eran aquellas tardes de escritos poéticos... Ya las extraño.
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