Hermes Castañeda Caudana
Hoy,
les obsequio una probadita del banquete preparado para todos ustedes, mismo que
degustaremos en la Tertulia Literaria a realizarse el próximo 18 de junio en la
antigua Estación del Ferrocarril, a partir de las 17:00 horas. Doy por ello mis
agradecimientos a la profesora Cecilia Zúñiga Gómez por las facilidades
concedidas, así como al maestro Mario Rodríguez Díaz y a todo el personal de la
Casa de la Cultura Zona Norte de la UAG, por el apoyo decidido e incondicional brindado
a nuestro grupo de Locos Escritores y Escritoras. Como siempre, son bienvenidos
sus comentarios y aportes: el.arte.del.striptease@gmail.com
La taza de baño, original de Soledad
Manzanares Hernández
Hola, ¿qué les puedo
decir? Mi trabajo no es el más bonito que digamos, es más, les aseguro que
ninguno de ustedes quisiera estar en mi lugar.
En ciertas ocasiones,
algunas personas llegan hasta a bendecirme por encontrarme en su camino, pero
después de un rato ni las gracias me dan, y otros tantos terminan pagándome
mal, dejándome totalmente sucia.
Sí, soy lo que
algunos de ustedes están pensando. Soy una taza de baño. Pero no de cualquier
baño, ¿eh? ¡Nooo! Soy la taza de un baño público de mujeres en el mercado. En
donde, por cierto, he logrado conocer diferentes tipos de traseros. Desde
aquellos glúteos caídos, planos y flácidos, hasta los bien redonditos y
duritos.
Por ejemplo, doña
Tencha, una señora obesa y dueña del puesto de ropa de la entrada, ¡tiene una
exageración de nalgas!, y cuando se posa en mí, éstas se desparraman por todos lados. ¡Vaya que está
pesadita! ¡Ah! y todavía se da el lujo de ponerse a leer su revista Tvynovelas o el periódico y así se le va
hasta media hora, sentadota sobre mí; tanto, que a veces ya no sé si la que
puja es ella o soy yo.
También está Renata,
la hija de los dueños del puesto más grande de zapatos, y quién por cierto, es
sobrina de doña Tencha. Ella por lo regular me visita después de la hora de la
comida, para devolver los sagrados alimentos que ingiere junto con la familia.
Es una adolescente muy bonita y con un cuerpo demasiado esbelto, quien teme ser
gorda como su tía o como su mamá.
Y no hablemos de la
presumida de doña Chuy, la esposa del carnicero, una cuarentona que se jacta de
tener un hermoso trasero, y quien en realidad usa un calzón con esponja, eso
sí, ¡carísimo!, de esos que anuncian en la tele. Porque al natural, ella tiene
nalgas de cebolla: ¡para llorar! Vaya que si yo hablara…
En realidad los
únicos glúteos que yo he visto hasta ahorita muy bien formados y bonitos, casi,
casi, como los de la Jennifer López, son los de la muchacha del puesto de las
aguas frescas, de esos sí no hay nada que decir; bueno, de ellos no, pero de
ella sí… ¡que se anda acostando con el carnicero, esposo de doña Chuy! Eso lo sé porque a veces, cuando viene, se llaman
por teléfono o se mandan mensajes.
Pero en fin, lo único
que les puedo decir es que de todas las tazas de baño de este lugar, soy la más
bonita y una de las más nuevas. Gracias a eso, algunas de las mujeres que
vienen a diario a estos baños me eligen y, bueno, aquí quién no se entera de
los más recientes chismes: que si ésta anda con aquél, que si la hija de fulana
es bien puta, que si le están poniendo los cuernos al marido, que si ya un
matrimonio se anda dejando y por qué, que si esto, que si lo otro, etc. Aquí las mujeres no tienen pecho de bodega y
suelen hasta ponerle de su cosecha, entonces el chisme ¡sí que se arma en
grande!
Por ellas he logrado
conocer algunos tipos de sentimientos
que existen, aunque más negativos que positivos, como la envidia, la avaricia,
la soberbia, el ego, el desprecio, el rencor y, sobre todo, la hipocresía.
Me preocupa que
quizás dentro de poco ya no sea la más visitada, pues ya comienzo a llenarme de
sarro, y es que la encargada de los baños es nueva y aunque ya le enseñaron
cómo asearme, nada más se hace pendeja mensajeándose por el celular con el de
los discos piratas, quien según le viene a ayudar a cerrar, pero en realidad se
la viene a manosear bien sabroso, y cuando se da cuenta ya se le hizo tarde,
por lo que sólo me da una pasadita con la escoba en lugar de tallarme bien con
el cepillo y dejar que actúe el cloro activo anti-hongos por lo menos tres
minutos. ¡Chingada mocosa calenturienta!, a mí no me talla, pero… ¿qué tal se
la tallan a ella?
¡Ay! Cómo extraño a
Roberta, ella sí que sabía cuidarme y limpiarme muy bien, hasta fragancia
fresca me ponía para que al otro día yo estuviera listísima, pero ni modo, así
es la vida, hoy les sirvo y quizás mañana no duden en desecharme y cambiarme
por una nueva que al igual que yo, se enterará de tantas historias, si no las
mismas, segura estoy que parecidas.


Algunas ideas son muy divertidas. ;D
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