Hermes Castañeda Caudana
Apenas y sentí mi vida pasar. No, no me digas
que descanse, que me calle, que para eso ya pronto tendré tiempo de sobra.
Además, siempre me dije que recibiría la muerte con una sonrisa. Así que
estrecharemos las manos huesudas, la suya y la mía, y en santa paz. Nunca me
gustó quejarme y no lo haré ahora. Hice de mi vida lo que quise. Por eso me voy
contento. Acércame el agua, por favor, no quiero toser a media despedida. Sí,
porque presiento que esta será nuestra última plática, los ojos se me cierran,
me siento muy cansado. Gracias por el agua, ojalá fuera vino… ¿Te acuerdas?
¡Cómo me gustaba el vinito con un buen corte de carne como esos que me
preparabas…! Y aquellas noches en que nos contábamos los sueños ya de
madrugada, y nos decíamos uno al otro, vamos bien, vamos bien, no hay que
desesperarnos, somos felices ahora pero vendrán tiempos cada vez mejores. ¿Por
qué lloras? Si todavía no me muero. Sí, ya sé que no quieres que bromeé con
eso, ya no lo haré. Déjame seguir, dame otro poco de agua… ¿seguro no hay vino?
Eso es, así me gusta verte, sonriendo aunque sea con tristeza. Quién diría en
aquellos tiempos que la vida nos sería tan pródiga. Sí, tienes razón,
trabajamos duro para lograr todo lo que nos propusimos, pero tuvimos eso y más.
Así, sostén mi mano, me gusta sentir que hasta el final cuidas de mí como lo
hiciste siempre. ¿Qué te decía? ¡Ah, sí! Recapitulaba lo que hicimos juntos. A
decir verdad, lo que tú conseguiste fue menos respaldado por mí, que las cosas
que siempre se me ocurrían y me ayudabas a cumplir. Como cuando tuve la idea de
hacer de nuestra casa un centro de creación literaria, ¿te acuerdas? Fue antes
de lo que yo pensaba, es más, a veces lo dudaba, me desesperaba y decía que
eran tonterías mías, que no sería posible. En cambio tú, jamás dudaste. Siempre
creíste en mí, más que yo mismo. También yo, admítelo, te miré siempre grande,
inteligente, triunfando, escribiendo libros, iluminando el mundo con tu poesía.
Mi mundo siempre se alumbró con tu luz pero yo, tonto, no siempre lo reconocí.
No me digas que me calle, es la hora de las verdades, tú y yo siempre nos
dijimos las cosas de frente ¿por qué en este momento no iba a ser así? No dejes
de acariciar mi mano, me gusta. Ahora llora si quieres, llora todo lo que
quieras que ya te dije lo importante. Cuida de mí después de muerto también. Si
me extrañas, búscame en mis libros, ahí estaré, entre las páginas que escribí
con tanta ilusión, con tanto cariño. Despídeme de todos y dile a quien te pregunte
que partí feliz, que lo fui siempre. ¿Por qué no iba a serlo si comí, bebí,
viajé y amé todo cuanto pude? Extrañaré a mis amigos, esos locos… tanto camino
andado, tanto cariño, tanta vida compartida, tanta historia… que duele. Creo
que ya lo dije todo, ahora sí, suelta mi mano, no me digas nada, ¿que me amas?
¿Crees que no lo sé? ¿Cómo carajos si no, me hubieras soportado toda la vida?
Ya lo sabes, nada de rezos ni de luto, como tantas veces platicamos. Alimenta
con mis cenizas el cirián de nuestra casa. Para quienes me quisieron no hará
falta una lápida para que me recuerden, estaré en ellos siempre. Viví tan
intensamente que a veces mi corazón me lo advertía; frena, respira un poco,
detente… pero en seguida continuaba porque anhelaba tantas cosas y, ya ves, una
vida apenas me alcanzó. Besa mis labios, sí… ¿que por qué sonrío? Porque desde que
nos conocimos, supe que hasta mi último suspiro, no dejaría de quererte jamás…
Los
invito a escribir con base en este modelo; piensen en las cosas que quieren en
la vida e imagínense en cualquier momento posterior en que ya hayan logrado sus
anhelos… escriban sobre ello y déjense llevar. Si les gusta lo que resulta y
desean publicarlo en este espacio, será un placer:
el.arte.del.striptease@gmail.com
Hermes Castañeda Caudana, El Mensajero.


No hay comentarios:
Publicar un comentario